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La Fe en la Palabra de Dios nos conduce a una Vida llena de Espíritu
Re-enfatizando de nuevo, son aquellos que creen en
la Palabra de Dios con sus corazones los que se pueden llenar del
Espíritu Santo. Cuando nos mantenemos en la Palabra de Dios, cuando
creemos en ella y confiamos en ella, el Espíritu Santo que mora
en nuestros corazones nos da fe y fuerza, aprueba nuestra fe como
la correcta, y esta de nuestra parte de manera que podamos vivir
nuestras vidas creyendo en esta Palabra. Esta es la razón por la
cual le llaman el Espíritu Santo, el ayudante o el consejero (Juan
14:16).
Así, para estar llenos del Espíritu, la Biblia nos
dice que, “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que
podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes.
Estad. Pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos
con la coraza de la justicia, y calzados los pies con el apresto
del evangelio de la paz; en todo, tomando el escudo de la fe con
el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomad
también el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es
la palabra de Dios.”
Sin importar que tan débil sea su fe y cuáles son
sus circunstancias, cuando usted cree solamente en la Palabra de
Dios y se mantiene en esta Palabra, el Espíritu Santo trabaja poderosamente
en sus vidas y los convierte en personas de fe. Y cuando usted se
esta manteniendo con firmeza en la Palabra de Dios, el Espíritu
Santo le da fuerza y de tal modo le permite superar a Satán. Él
permite que usted esté contra Satán con su fe y transforma sus alrededores.
Cuando usted se está manteniendo en la Palabra de
Dios, Espíritu Santo le hace orar, le consolida, y le permite estar
contra el diablo cuando él le ataca, y lo refuerza para abandonar
cada incredulidad que se presente en su corazón. También, esta Palabra
le hace abandonar los errores de su fe, y le convierte en una persona
de fe como una roca que está fincada firmemente en la palabra de
Dios. Así es absolutamente crítico para usted que crea y tome esta
Palabra para ser lleno del Espíritu.
Si usted ni cree ni toma la Palabra, pero reza ciegamente
para estar lleno del Espíritu, usted nunca estará lleno por el Espíritu.
Usted debe asegurarse lo más posible de mantenerse en la Palabra
y tomarla. Solamente después de hacerlo puede estar lleno del Espíritu
orando en El.
Viendo estas cosas, podemos darnos cuenta que podemos
estar llenos del Espíritu solamente creyendo y tomando la Palabra
de Dios, discerniendo cual es la voluntad del Señor y seguir Su
voluntad orando y redimiendo el tiempo, uniéndonos en las reuniones
de la Iglesia de Dios, sirviendo al Señor, y difundiendo el evangelio.
El Espíritu Santo, por supuesto, nos ayuda y trabaja siempre en
nuestras vidas, pero dependiendo de si creemos en la Palabra o no,
y si nos mantenemos en ella o no, el Espíritu Santo trabaja poderosamente
con nosotros o nos deja solos con nuestras propias fuerzas. Así,
para estar llenos del Espíritu, debemos pensar en la Palabra que
nos dice que el Señor nos ha salvado, y debemos tener la alegría
en la salvación creyendo en esta Palabra. Debemos creer en nuestros
corazones que es la voluntad del Señor difundir este evangelio,
debemos predicarlo y servirlo.
Si usted verdaderamente es nacido-de nuevo y justo,
entonces usted debe haber tenido la experiencia de la inspiración
del Espíritu Santo al difundir el evangelio, permitiéndole hablar
las palabras correctas, y sus corazones espiritualmente llenos.
Así, claramente debemos darnos cuenta que no podemos alcanzar la
plenitud del Espíritu fuera de la palabra de Dios, de la voluntad
del señor, y de la vida en la Iglesia, y que no puede ser lograda
por nuestros propios esfuerzos.
En el intento de estar lleno del Espíritu, muchos
de los Cristianos de hoy asisten ciegamente a reuniones especiales
llamadas “reuniones de retiros” y en tales reuniones oran, hablan
en supuestas lenguas haciendo sonidos extraños, gritan de nombre
del Señor, después cantan lemas, y hacen toda clase de intentos
para recibir el Espíritu Santo. Pero éstos actos son totalmente
absurdos y sin fundamento. El Espíritu Santo no es alguien que viene
a nuestros corazones porque lo pedimos desesperadamente. Sino al
contrario, aquellos que enseñan eso e intentan llenarse del Espíritu
de esta manera terminan llenos del diablo. Cuando meditamos en,
creemos en, y tomamos la Palabra y la voluntad del Señor que nos
ha salvado, y servimos al evangelio, finalmente entonces estamos
llenos del Espíritu. Pero debemos recordar que la oración con nuestras
propias emociones, abrumarnos, y hacer todas clases de cosas extrañas
solamente darán lugar a ser llenados por el espíritu del diablo.
La Plenitud del Espíritu
es Verdadera
Por ahora en la discusión precedente, tenemos cuál
es la plenitud del Espíritu, y estoy seguro que usted tiene la completa
comprensión en este asunto. Si tenemos claro, e intelectualmente
comprendido la vida llena de-Espíritu, entonces tomamos la Palabra
con nuestros corazones. Debemos mantenernos en la Palabra diariamente,
incluso si solo son un par de pasos. Y debemos preguntarnos qué
clase de la Palabra es necesaria para nuestras actuales circunstancias,
buscamos tal Palabra, y después nos mantenemos con ella en nuestros
corazones. Esta Palabra cambiará nuestras circunstancias y transformará
nuestros corazones. Cuando sucede esto, nuestra fe y corazones montarán
el vuelo con alas como de águilas, y correr hacia la voluntad del
Señor sin cansarnos, Isaías 40:31 nos asegura, “pero los que
esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas
como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.”
Esto no es hipotético, es verdadero.
Cuando nacimos-de nuevo creemos en el Señor con nuestros
corazones y lo servimos, consideramos a las reuniones de la iglesia
como preciosas y participamos en ellas, y unimos nuestros corazones
para difundir el evangelio, entonces, de forma natural nuestros
corazones se llenan del Espíritu. Vivimos, es decir, siempre inmersos
y llenos del Espíritu Santo sin ningún esfuerzo particularmente
especial. ¿Pero qué de las personas quiénes no son así? Cuando tales
personas no se unen en las reuniones o en los trabajos de la iglesia,
ellas se alejan gradualmente de la iglesia y terminan eventualmente
culpándola y dejándola.
Para que ni Usted ni yo dejemos al Señor, sin importar
cuales son nuestros actos y reflexiones, y sin importar cuan grande
o pequeña es nuestra fe, todo que tenemos que hacer es afianzarnos
a la Palabra de Dios creyendo en El de manera incondicional. ¿Por
qué? Porque el poder de la Palabra de Dios pertenece a los que firmemente
se afianzan a la Palabra. Esta es la razón por la cual es muy importante
tomar la Palabra de Dios. Así, podemos estar llenos del Espíritu
cuando vivimos de esta manera.
No debemos Estar Borrachos
con el Vino del Mundo
Efesios 5:18 indica, “Y no se embriaguen con vino,
en lo cual hay disolución, sino ser llenos del Espíritu,” El
“vino” aquí refiere a todas las cosas del mundo. Si perdemos nuestros
corazones en las cosas del mundo, entonces no podemos estar llenos
del Espíritu. La lujuria de la carne obstruye los deseos del Espíritu.
Nosotros los Nacidos-de nuevo podemos vivir solo cuando estamos
llenos del Espíritu. Pero la plenitud del Espíritu Santo requiere
que tomemos la Palabra, y, como tal, solo cuando tomamos al Espíritu
en nuestras vidas como la del justo es digna.
No hacer esto, si nosotros vivimos borrachos con el
mundo la mitad del tiempo y con el Espíritu la otra mitad de tiempo,
entonces allí no hay alegría. Entonces, terminamos sirviendo al
evangelio sin entusiasmo, y cuando nos ponemos a realizar los trabajos
del Señor, no solo otras almas siguen siendo incapaces para recibir
la remisión del pecado, sino que también nuestras propias vidas
de fe llegan a ser sin sentido. Esta es la razón por la cual debemos
estar llenos del Espíritu Santo. Debemos vivir la vida llena de-Espíritu.
Entonces podemos evitar dejar al Señor, y entonces podemos recibir
enteramente el poder que se encuentra en esta Palabra hablada por
el Señor.
Debemos Esforzarnos por Unirnos
con Himnos y Salmos
Siempre debemos vivir y creer de acuerdo a lo que
nos dice Efesios 5:19-21 “hablando entre vosotros con salmos,
himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón
al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, a Dios, el Padre; sometiéndoos unos a otros en
el temor de Cristo.”
De hecho debemos. ¿Si no creemos en la Palabra de
Dios, cómo podemos agradecerle por nuestra salvación, y cómo podemos
vivir por nuestra fe? ¿También, si nosotros hemos recibido ya la
remisión de nuestros pecados, y si nosotros no nos mantenemos en
la Palabra de las escrituras a toda la hora, cómo podemos vivir
con nuestros corazones llenos del Espíritu Santo? Tales cosas nunca
pueden suceder. En el contrario, en nuestra carencia de fe con las
cosas pequeñas que nos suceden la vida diaria fácilmente nos desalentaremos,
e incluso si el Espíritu nos toca mientras estamos en la iglesia,
cuando sucede algo de regreso a casa, nuestros corazones perderán
fuerza rápidamente. Usted y yo debemos vivir creyendo solamente
en la Palabra de Dios.
Debemos vivir sirviendo al evangelio en nuestras vidas,
creyendo y tomando la Palabra y la oración. El Espíritu Santo entonces
le ayudará automáticamente, le dirigirá, le sostendrá constantemente,
le dará energía y bendiciones, le permitirá hacer las obras del
Señor, seguirlo, y estar contra el diablo, y hacer que todo funcione.
Una vez que usted lo sabe, es muy fácil estando lleno del Espíritu.
Espero que todos y cada uno de ustedes crea sinceramente en la Palabra
de Dios.
El Espíritu Santo Trabaja
en los Creyentes de la Palabra de Dios
Al contrario de lo que creen muchas personas de hoy,
el Espíritu Santo no desciende mientras justo cuando se han apagado
todas las luces y se grita incesantemente el nombre del Señor. ¿Por
qué? Porque el Espíritu Santo trabaja siempre de acuerdo a la Palabra.
A este mismo momento, nunca he servido al Señor con
una queja grande. En lugar de eso he trabajado fielmente con lo
mejor de mis capacidades, creyendo en toda la Palabra del Señor
en mi corazón y sabiendo Su voluntad. No intento alcanzar todo de
una vez. En lugar, oro todo el tiempo, consulto con otros servidores
de Dios, y me uno con ellos en un solo propósito, es decir, sirviendo
el evangelio verdadero. Cuando alcanzo una decisión, entonces hago
las preparaciones necesarias, y con lo mejor de mis capacidades
hago los trabajos del Señor poco a poco. En poco tiempo, e incluso
sin darme cuenta, veo que muchas cosas ya están hechas. La predicación
del evangelio del agua y del Espíritu también se ha hecho de esta
manera hasta ahora, y el Señor ha trabajado poderosamente en este
esfuerzo. Las obras del Señor no son realizados según los dictados
de los sentimientos emocionales, sino que son puestos en ejecución
de manera racional y tranquilamente siguiendo la Palabra de Dios
y creyendo en ella con nuestros corazones. Todo lo que viene después
de eso es cuidado por el Espíritu Santo.
Cuando los niños hacen travesuras, sus padres los
tratan fríamente hasta que admiten en verdad sus errores. ¿Cuándo
un padre humano hace eso, cuanto mas el Espíritu Santo nos trata
fríamente cuando nos perdemos contra la voluntad de Dios? Pero,
tan pronto como nos arrepentimos de nuestros errores, y agradecemos
a Dios por perfectamente salvarnos de nuestros errores, El nos abraza
y nos anima tiernamente para mantenernos en el camino de Su voluntad.
¿Qué Debemos de Hacer los
que Estamos llenos-del Espíritu?
El señor nos dice sobre las señales del final de los
tiempos, diciendo, “Porque se levantará nación contra nación,
y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos”
(Mateo 24:7). Y él dice que la gran Tribulación pronto seguirá
a eso. Mira como si ahora entonces fuera ese tiempo, particularmente
cuando miramos desastres naturales o la actual situación política
del mundo. ¿Que es, entonces, lo que debemos hacer ahora? No es
nada sino que obedecer el comando del Señor de difundir el evangelio
del agua y del Espíritu a través del mundo entero.
Entonces ahora debemos predicar el evangelio, pero
primero debemos preguntar a Dios sobre el mejor método posible.
No debemos realizar esta tarea tumultuosamente solo con nuestra
estrategia, fuerza y voluntad, sino que la primera cosa que debemos
hacer es orar a Dios para darnos la fe y la fuerza necesarias para
difundir el evangelio del Señor, para consolidar a toda su gente,
para bendecirnos en nuestros Espíritus y la carne, para permitir
que sirvamos al evangelio, y que nos llenemos del Espíritu Santo.
Cuando hacemos así lo cuál es factible para nosotros
y ampliamos gradualmente los límites de nuestros ministerios, el
Señor es complacido en nosotros, y él permitirá que alcancemos muchas
grandes en el futuro. Cada uno de ustedes experimentará cuánto nuestro
Señor nos sostiene y nos ayuda, para nosotros los justos hemos experimentado
ya en incontables ocasiones que cada vez que deseamos hacer algo
y orado por eso, fue cumplido realmente según lo previsto. ¿Esto
entonces significa que hacemos tales cosas por nuestra propia fuerza?
¡Por supuesto que no! De hecho, no sabemos nada, pero porque Dios
se complace en lo que hacemos, nosotros logramos nuestro desafío
por la fe, buscando Su ayuda, sosteniéndonos y tomando aún más la
Palabra, y esperando en la fe. Un día, el Señor nos deja ir a tales
y a tales lugares, y entonces vemos que los trabajadores y las almas
que hemos estado buscando nos están esperando allí.
Por ejemplo, cuando intentamos predicar el evangelio
en ultramar a través de la literatura, necesitamos a personas que
puedan traducir nuestros libros a diversos idiomas. No importa con
cuanto trabajo buscamos, no fueron fácilmente encontradas. Pero
Dios se cercioró de que la persona a la que buscábamos tuviera mucho
tiempo de terminar su entrenamiento, y después hizo que se alistaran
para nosotros cuando llego el tiempo.
Debemos darnos cuenta que seguir al Señor y ser lleno
del Espíritu no son hazañas difíciles a alcanzar. Debemos darnos
cuenta que estas cosas son muy fáciles para los que han recibido
la remisión del pecado, y que después así de recibir la remisión
del pecado, Dios entonces trabaja a ordenanza, según Su Palabra,
en las vidas de los que creen y tomar esta Palabra. Cuando vivimos
sumergidos en la Palabra de Dios y de su iglesia, la plenitud del
Espíritu viene con su propio acuerdo.
Lo qué los nacidos-de nuevo desean es la plenitud
del Espíritu. Predicar la palabra y difundir el evangelio. Entonces
se llenarán del Espíritu Santo. Cuando usted sirve al Señor con
su corazón, se llenará del Espíritu, y cuando usted difunde el evangelio,
también le llenarán del Espíritu. Cuando usted une su corazón con
la iglesia y viven juntos, usted puede vivir una vida llena-del-Espíritu.
Esto es muy fácil para los corazones que estén con la iglesia. Pero
para los que corazones que no se unan con la iglesia, no hay manera
de que puedan estar siempre llenos del Espíritu. ¿El Espíritu Santo
vendría sin respeto a la Palabra escrita de Dios? El Espíritu Santo
no trabaja fuera de la iglesia de Dios ni de las obras del evangelio.
Cómo Ser llenos-de-Espíritu
Primero, aquellos que desean recibir el Espíritu Santo
deben, sobretodo, saber y creer en el evangelio del agua y del Espíritu
y de tal modo recibir la remisión de sus pecados.
En segundo lugar, necesitan tener una clara y consagrada
fe en la verdad de que Dios da el Espíritu Santo solamente a los
que incluso ahora han recibido la remisión del pecado y a los de
la época apostólica (Hechos 2:38).
Tercero, sus corazones deben separarse del pecado
de no creer en la Palabra de la Biblia y de su incredulidad.
Cuarto, para recibir el Espíritu Santo, sus almas
necesitan ser enseñadas con la Palabra concreta. Como tal, necesitan
escuchar cuidadosamente la Palabra bendecida de ser nacido de nuevo
del agua y del Espíritu, y cuando más necesitada está, deben personalmente
compartir la compañía del evangelio con los servidores de Dios y
recibir el Espíritu Santo. El Espíritu Santo entonces hará que crean
en la Palabra de Dios en sus corazones, ser nacido de nuevo, y recibirlo.
Pero si intentan recibir el Espíritu Santo sin ningún discernimiento
y ciegamente dando rezos de arrepentimiento o intentando vivir una
vida de auto-santificado, o si incondicionalmente anhelan por el
Espíritu Santo e intentan recibirlo a través de ayunos fanáticos
o de oraciones en las montañas, solo terminaran cayendo en una gran
confusión.
Debemos recordar que el Espíritu de Dios no está dado
solo porque las personas desean recibirlo, pero El viene solamente
a los que estén listos para recibirlo. El Espíritu Santo no viene
a los que den rezos en la montaña, participen en una reunión carismática,
o persigan los dones, por si mismos. Si usted piensa que usted recibió
algo relacionado con el don del Espíritu Santo mientras que participaba
en tales reuniones o de su propia creencia, hay el algo más en lo
que usted debe pensar primero. Y éste es si hay o no hay pecados
en su corazón. Si hay pecados en su corazón, entonces usted debe
darse cuenta qué lo que usted había recibido no es del Espíritu
Santo, sino del diablo, y usted debe echarlo fuera. Primero debemos
darnos cuenta donde y con quién el Espíritu Santo verdaderamente
trabaja.
Hay algo de lo que no debemos olvidarnos al buscar
recibir el Espíritu Santo. Esto es, creer igualmente en el bautismo
de Jesús (Mateo 3:15) y su sangre de la Cruz. El Espíritu Santo
es independiente, pero él viene solamente a los que crean en el
bautismo de Cristo Jesús y la sangre de la Cruz como la remisión
de sus pecados. Así, el Espíritu Santo viene y trabaja en las vidas
de los que crean en el evangelio del agua y del Espíritu como su
verdadera salvación.
Los Dones del Espíritu Santo
Cuando miramos la Biblia, podemos ver que los dones
del Espíritu Santo son mencionados en varios lugares. El representante
de tal lista de dones se encuentra en Romanos 12:6-8, 1 Corintios
12:8-10, y Efesios 4:11. Pero hoy, miraremos los nueve dones enumerados
en 1 corintios 12.
1) El don de la Palabra del conocimiento: Éste es
el conocimiento de los misterios que se ocultan en el evangelio
del agua y del Espíritu, en acuerdo con la providencia especial
de Dios, en la Palabra escrita de la Biblia por la inspiración del
Espíritu Santo. La capacidad para explicar claramente y difundir
este evangelio del agua y del Espíritu es el mismo don de la palabra
del conocimiento.
2) El don de la palabra de la sabiduría: El don de
la palabra de la sabiduría no se refiere a la sabiduría humana,
tales como la inteligencia o el intelecto. El don de la sabiduría
es el don de solucionar los diferentes temas planteados por las
personas explicando la Palabra de la Biblia con fe.
3) El don de la fe: El don de la fe es el don de la
acción-orientada hacia la fe en la Palabra. Esta clase de don se
da cuando oímos la Palabra de Dios, y después creemos en esta Palabra
con fe pura. El Espíritu Santo trabaja de modo que la fe en la Palabra
de Dios se levante en los corazones de los santos. Con este don,
Dios también nos permite salvar de sus pecados a las almas de las
personas.
4) El don de curación: En vez de intentar curar las
enfermedades de la carne, los santos deben darse cuenta que la voluntad
del Señor está para que sepan la providencia de Dios y de sus enfermedades,
obedezcan esta providencia, y curen enfermedades espirituales más
bien que las enfermedades de la carne. El señor nos aconseja que
oremos para curar al enfermo (Santiago 5:14-15), y tal rezo sea
un rezo que cada santo pueda dar.
5) El don de la realización de milagros: Esto se refiere
al poder de la fe que cree y sigue la Palabra de Dios. Los milagros
se refieren a la fe que cree en la palabra de Dios que desafía las
leyes de la naturaleza sabidas por nosotros. Tal fe de los santos
aviva y alienta sus vidas de fe, permitiéndoles llevar aún más frutos.
Dios hace que los santos actúan por fe.
6) El don de la profecía: Esto es creyendo en la Palabra
de Dios y difundiéndola en Su favor. A través del Antiguo y Nuevo
Testamento, Dios nos ha revelado Su voluntad y Su plan. Así, los
que profetizan pueden probar lo más ciertamente posible la corrección
o el error de tales profecías con la palabra ya escrita de Dios.
Los que no difunden por fe la Palabra escrita de Dios en las Escrituras
son profetas falsos. La profecía legítima es difundiendo la Palabra
de Dios por fe. Predicando a las personas la Palabra escrita, los
santos y los servidores de Dios deben permitirles adorarlo, edificarlo,
exhortarlo, y confortarse uno a otro. Cristo Jesús ha dado, junto
con Su cuerpo, la Iglesia, el don de la fe que cree en la Palabra
de los servidores de Dios.
7) El don de discernir los Espíritus: El discernir
de Espíritus es la capacidad de discernir si las personas han recibido
la remisión de sus pecados o no con solo oír lo que ellas dicen.
Para nosotros que ahora estamos viviendo en el final de los tiempos,
si no tenemos este don, entonces corremos el riesgo de ser engañados
por el diablo (1 Timoteo 4:1). Con este don, podemos discernir a
los que buscan solo los dones del Espíritu Santo, y pueden distinguir
el nacido-de nuevo de los que todavía no han recibido la remisión
del pecado y el Espíritu Santo.
8) El don de lenguas: Cuando se dice que los santos
hablan en lenguas, significa que hablan la verdad del Reino del
Cielo. Cuando los santos están rogando a Dios en una forma personal,
es posible que hablen en lenguas, que pueden ser entendidos solamente
por Dios. Pero más bien que intentar hablar en lenguas, debemos
poner más esfuerzos en entender la Palabra de la Biblia. Debemos
darnos cuenta que mejor es hablar cinco palabras con nuestra comprensión
para enseñar que otras diez mil palabras en lenguas (1 Corintios
14:19).
9) El don de la interpretación de lenguas: Ésta es
la capacidad de enseñar la voluntad de Dios para uno que interpreta
la Palabra dada por El. Este don de la interpretación de lenguas
fue dado en el período Temprano de la Iglesia con el fin de difundir
el evangelio, y ahora puede ser encontrado en el ministerio de traducir
y de interpretar las enseñanzas del evangelio. Si uno puede hablar
en idiomas locales, no se necesitaría a ningún intérprete, pero
los que hacen frente a las barreras de los idiomas del mundo pueden
trabajar a través de los intérpretes.
Los frutos del Espíritu Santo
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio;
contra tales cosas no hay ley” (Galatas 5:22-23). Los frutos
del Espíritu se manifiestan según el verso antedicho.
Amor: El amor es el corazón de Jesús. Todos los mandamientos
y las leyes de Dios se pueden resumir como “amar a Dios y amar unos
a otros.” Pero, debemos recordar que antes que de nuestro amor para
Dios, Dios primero nos ama incondicionalmente. Su amor se revela
en la Palabra del evangelio del agua y del Espíritu, la Palabra
que libera a cada uno del pecado y nos convierte en los niños propios
de Dios. Los que reciben el amor de Dios a través del evangelio
verdadero pueden tener el corazón de Jesús, es decir, el amor.
Alegría: Ésta es la alegría indescriptiblemente gloriosa
que se presenta en la profundidad de nuestros corazones cuando nuestras
almas son nacidas de nuevo creyendo en la salvación de la remisión
del pecado. Esta es la razón por la cual Pablo, recibiendo la remisión
del pecado, podía ser alegre incluso en la prisión, y los santos
de la Iglesia Temprana podían también regocijarse. Hay alegría en
los corazones de los justos que han recibido la remisión del pecado
(Filipenses 4:4).
Paz: La paz llena a los que han recibido la remisión
del pecado, que es invencible en cualquier circunstancia. No puede
haber paz en los corazones de los que estén asustados por el juicio
de Dios por sus pecados. Pero es la paz de nuestras mentes que hemos
recibido la remisión de todos nuestros pecados de una vez por todas,
tan blanca como la nieve, creyendo en el evangelio del agua y del
Espíritu. El evangelio de la remisión del pecado nos permite superar
nuestro miedo por los pecados, y nos da valor y la convicción de
la salvación. También, aquellos que traen paz como los niños de
Dios (Mateo 5:9), gozan de la alegría de recibir la remisión del
pecado (Proverbios 12:20), y viven una vida justa (Santiago 3:18).
Paciencia: Comenzando con nuestra fe en la Palabra
de haber nacido de nuevo y de la remisión del pecado dada por Dios,
y con la fuerza de su Espíritu, llevamos los frutos de la paciencia
en todas las cosas. Estos frutos de paciencia se encuentran en los
corazones de los que han sido salvados creyendo en la Palabra del
evangelio del agua y del Espíritu, y puede ser obtenida por nuestra
gran relación con el Espíritu santo.
Amabilidad: La amabilidad se refiere a entender a
otros y amablemente enseñarles la Palabra de la verdad. Esto exige
un corazón que tenga compasión por otras almas, tal y como la gracia
misericorde de Dios que ha salvado a los pecadores con el bautismo
de Jesús y de la sangre de la Cruz.
Bondad: Bondadoso significa ser virtuosos y decentes.
Mateo 12:35 indica, “El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas
buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas…”
Para los que han llegado a ser justos delante de Dios, lo fundamental
de sus corazones es que son buenos y mansos. Así cuando vemos a
personas que se han hecho justos por la fe, podemos ver su esencia
bondadosa y su mansedumbre en la profundidad de sus corazones.
Fidelidad: La fidelidad se refiere a la fe que no
cambia nunca bajo ninguna circunstancia sino sirve al evangelio
sin fallar. La fidelidad aquí exige “fe” y “lealtad.” Como tal,
solamente los que han recibido la remisión del pecado creyendo en
la palabra del evangelio del agua y del Espíritu dados por Cristo
pueden ser fieles a Dios.
Mansedumbre: El corazón manso entiende totalmente
a otros y obedece la voluntad de Dios. Los mansos son los que incluso
oran por sus enemigos que estén contra ellos.
Autodominio: El autodominio refiere a la capacidad
de guardarse bajo control. En detalle, se refiere a la capacidad
de refrenar, de contener, y al control sobre las lujurias pecadoras
y corrompidas de la carne que funcionan contra el Espíritu Santo.
Es decir, significa vivir una vida que sea prudente, sin auto-indulgencia,
y todo bajo control. Es evidente que no necesitamos decir necesitamos
del autodominio sobre las cosas malas, pero incluso cuando vienen
las buenas cosas, debemos siempre tener autodominio.
La Vida llena de-Espíritu
No podemos vivir la vida llena de-Espíritu por nuestra
propia voluntad o esfuerzo, pero es posible por Cristo que vive
en nosotros (Galatas 2:20). Creemos que nuestros cuerpos se han
convertido en instrumentos que se utilizan para satisfacer la voluntad
de Cristo. Nuestras mentes tienen los pensamientos de Cristo, nuestra
voluntad es gobernada por la voluntad del Señor, y todo nuestro
carácter y capacidades se dan a El como ofrendas sin ninguna excepción
—el que vive de esta manera está viviendo una vida llena del
Espíritu. Ésta no es una vida de la pobreza, de la derrota y de
la desesperación espiritual, sino que es una vida de la victoria,
de la alegría y de la afirmación constantes que tiene el poder de
salvar al mundo a través del evangelio del agua y del Espíritu (Romanos
8; Hechos 17:6). Las características de una vida llena de-Espíritu
se pueden resumir como el siguiente.
Es una vida que esta siempre agradecida por la alegría
de recibir la remisión del pecado (1 Tesalonicenses 1:6-7), y también
persigue la justicia de Dios. Los que se regocijan con la voluntad
del Señor son los que se han llenado del Espíritu. Los que disfrutan
con difundir de evangelio del agua y del Espíritu son los que sus
vidas se llenan del Espíritu. Los que creen, siguen, y obedecen
la Palabra escrita del conducen sus vidas en la verdad con la plenitud
del Espíritu.
Los Resultados de Estar Llenos
del Espíritu
“Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo
venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda
Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”(Hechos 1:8).
• La fe del poder: Los que creen en la
palabra del evangelio del agua y del Espíritu reciben el derecho
de ser niños de Dios (Juan 1:12). El poder que se da nosotros como
los niños de Dios es el poder de superar nuestros pecados y de realizar
la voluntad de Dios en este mundo. Es la autoridad para tener control
sobre el poseído del demonio y para salvarlo con el evangelio del
agua y del Espíritu. Es la autoridad para curar las enfermedades
espirituales (Marcos 16:18), para superar las maldiciones de Satán
(Lucas 10:19), para entrar en el Cielo (Revelación 22:14) y para
vivir creyendo en la Palabra de la promesa de Dios (2 Corintios
7:1).
• La fe de la victoria: El Espíritu Santo es
el Espíritu que soluciona nuestros problemas. En este mundo y en
nuestras vidas, hay incontables problemas que no pueden solucionarse
por nosotros mismos (Zacarías 4:6-7). Incluso los Cristianos no
pueden escaparse de la realidad de los incontables problemas que
la vida les trae. Pero cuando nos llenan del Espíritu, podemos ver
solucionados tales problemas y vivir una vida de la victoria.
Primero, podemos superar las tentaciones del mundo.
El Espíritu Santo permite nos decisivo superar y a triunfo sobre
las tentaciones y las tentaciones del pecado que acercan a nuestros
corazones incesantemente.
En segundo lugar, podemos solucionar el problema de
la muerte con el Espíritu santo. Cuando nos llenan del Espíritu,
podemos superar audazmente el miedo y el pavor sin fin de la muerte.
Los cristianos llenos-de Espíritu pueden mirar hacia la esperanza
del Cielo y pueden más que superar el problema de la muerte (2 Corintios
5:1).
Tercero, cuando nos llenan del Espíritu, podemos amar,
con el evangelio del agua y del Espíritu, incluso a los que no podemos
amar por nosotros mismos, y alcanzamos nuestra felicidad.
Cuarto, podemos ser liberados con el Espíritu Santo
de la vida de maldición traída por Satán. Creyendo en la remisión
del pecado dada por Cristo y por el hecho de que nosotros ahora
somos sus niños, podemos triunfar, con el Espíritu Santo, sobre
el miedo y el terror traídos por Satán.
Quinto, el Espíritu Santo nos permite superar todas
las clases de desesperación. Cuando Elías cayó en la desesperación,
él recuperó su fuerza oyendo la voz de la Palabra de Dios, y cuando
los discípulos de Jesús cayeron en la desesperación, también se
levantaron otra vez creyendo en la Palabra de Dios y solamente con
el poder del Espíritu Santo. Asimismo, cuando nos llenamos del Espíritu
creyendo en la Palabra escrita de Dios, somos también más que capaces
de levantarnos de la frustración y de la desesperación de nuestras
vidas (Juan 14:16-18).
Sobretodo, el Espíritu Santo es el testigo del evangelio
del agua y del Espíritu. Como tal, si uno es un santo lleno del
Espíritu, el interés más grande para el/ella es vivir una vida que
atestigüe el evangelio del agua y del Espíritu de Cristo. El Espíritu
santo no nos da los regalos místicos o las experiencias trascendentales.
Si usted piensa que el Espíritu Santo le condujo en experiencias
místicas, entonces esto no es el trabajo del Espíritu santo sino
del diablo.
El día de Pentecostés, por lo tanto, es la misma fecha
del nacimiento de la Iglesia. En esta luz, los Cristianos-llenos
del Espíritu utilizaron todas sus fuerzas para fundar la Iglesia
de Dios, para servirla y para expandirla. El resultado de ser lleno
del Espíritu es vivir una vida que atestigüe y sirva al evangelio
del agua y del Espíritu dados por Dios.
Mantener Continuamente la
Plenitud del Espíritu
1) Los nacidos-de nuevo deben abandonar la avaricia
del mundo. Y deben tomar la Palabra de la fe y de la verdad (Efesios
6:17).
2) Leer y creer en la Palabra de Dios (Hebreos 4:12).
3) Reunirse diario en la Iglesia (Hebreos 10:25).
4) Confesar sus pecados y tener fe en el evangelio
del agua y del Espíritu (Salmo 51:4-5, 11-13).
5) Seguir los deseos del Espíritu Santo (Galatas 5:16).
6) No afligir al Espíritu Santo (Efesios 4:30).
7) No apaga el don del Espíritu Santo (1 Tesalonicenses
5:19).
8) Permanece alejado de los corazones de la carne,
cree y difunde la Palabra del evangelio del agua y del Espíritu
(Proverbios 4:23; Filipenses 4:13).
9) Vive una vida que se une con la Iglesia de Dios
y difunde el evangelio del agua y del Espíritu en cada oportunidad.
Así entonces podrá mantener una vida que se llene siempre del Espíritu.
Dijo de una manera diferente, para estar lleno de-Espíritu
primero tenemos que recibir el Espíritu Santo, y para recibir el
Espíritu Santo, primero debemos abandonar nuestros pecados que pesan
en nuestros corazones. Ésta es la más importante condición para
recibir el Espíritu Santo.
Hechos 2:38 indica, “Y Pedro les dijo: Arrepentíos
y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu
Santo.” Proverbios 28:13 también dice, “El que encubre sus
pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará
misericordia” Para lavar nuestros pecados, debemos primero creer
en el bautismo de Jesús y de su sangre, y de tal modo nos limpiamos
de todos nuestros pecados.
Debemos creer en el poder del bautismo del agua de
Jesús y ser bautizados en la fe. Mateo 3:16, indica “Después
de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí,
los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía
como una paloma y venía sobre El.”
Los creyentes reciben su bautismo como la marca de
su fe que cree que todos los pecados del mundo fueron pasados sobre
Jesús cuando lo bautizaron. Como tal, los que creen según la Palabra
del Señor deben ser bautizados. Nunca desobedezcamos a Dios rechazando
ser bautizados, pensando solo en el bautismo como una formalidad.
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Por supuesto, para estar llenos del-Espíritu, debemos
orar a Dios creyendo en él. Jesús dijo en Lucas 11:13, “Pues
si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los
que se lo pidan?”
Reunió a todos los santos en el monte de los olivos
momentos antes de su ascensión, Jesús les dijo que no salieran de
Jerusalén sino que esperaran al Espíritu Santo permitido por el
Padre. Los santos obedecieron Su Palabra y consiguiente se reunieron
y oraron en un cuarto en Jerusalén, y cuando llegó el Día de Pentecostés,
el Espíritu Santo los llenó repentinamente a todos, descendiendo
sobre ellos como un viento poderoso que acometía y dividido en lenguas
de fuego.
Hay algo aquí que debemos prestar particular atención.
Éste es el hecho de que mientras que había habido 500 hermanos que
habían oído la Palabra del Señor y habían atestiguado su ascensión,
solo había 120 que oraron realmente a El en obediencia a Su palabra.
Para mantener la vida llena de-Espíritu, debemos difundir
el evangelio del agua y del Espíritu incesantemente.
En Mateo 7:11-12, nuestro señor dijo, “Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas
[el Espíritu Santo] a los que le piden? Por eso, todo cuanto
queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con
ellos, porque esta es la ley y los profetas [la base de las
enseñanzas de las escrituras].”
El agua debe fluir; si se mantiene inmóvil en un lugar,
eventualmente se corromperá. Asimismo, aquellos de nosotros que
hemos recibido la gracia del Espíritu Santo con la remisión del
pecado debemos dedicarnos a difundir el evangelio del agua y del
Espíritu.
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