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No cabe duda de que María no es divina
< Mateo 13, 53-58 >
«Cuando hubo terminado Jesús estas parábolas, se alejó de allí,
y viniendo a su patria, les enseñaba en la sinagoga, de manera que
atónitos, se decían: ¿De dónde le vienen a éste tal sabiduría y
tales poderes? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no
se llama María, y sus hermanos Santiago y José, Simón y Judas? Sus
hermanas, ¿no están todas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene
todo esto? Y se escandalizaban en El. Jesús les dijo: Sólo en su
patria y en su casa es menospreciado el profeta. Y no hizo allí
muchos milagros por su incredulidad».
La ciudad de Jesucristo es Nazaret. Jesús volvió a Su ciudad y
allí enseñó la Palabra de Dios en una sinagoga judía. Todos los
que le escuchaban se quedaban atónitos y se ofendían diciendo: «¿De
dónde le vienen a éste tal sabiduría y tales poderes? ¿No es éste
el hijo del carpintero? ¿Su madre no se llama María, y sus hermanos
Santiago y José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no están todas entre
nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto?».
Cuando Jesús volvió a Su ciudad y predicó la Palabra de Dios, los
que le escuchaban no creían y se quedaban asombrados. ¿A qué se
debía? A que aquel lugar era Su ciudad. La razón por la que no creyeron
en lo que Jesús dijo es que Él era de su misma ciudad. La multitud
estaba agitada diciendo: «Por lo que sabemos este hombre no tiene
educación ni sabe nada. ¿Cómo puede decir estas cosas?». Por eso
ignoraron la Palabra de Jesús.
Hay lecciones que debemos aprender de este pasaje, también necesitamos
reafirmar nuestra fe a través de estas lecciones.
No debemos deificar a María ni idolatrarla. Hay muchas organizaciones
religiosas que idolatran a María y por eso voy a dejar claro que
deificarla es erróneo.
Normalmente calificamos a la Iglesia Católica como perteneciente
al cristianismo. En todo el mundo hay más católicos que protestantes.
La razón por la que hablo del catolicismo de repente es que la Iglesia
Católica es la representante de las organizaciones religiosas que
deifican e idolatran a María.
¿Por qué idolatran los católicos a María? Lo hacen porque creen
que la Virgen María solo dio a luz a Jesús en toda su vida. La exaltan
como «Reina de los cielos». La llaman «Madre de Dios». Al ser Jesús
el verdadero Dios esta idea parece plausible, pero hay un concepto
peligroso detrás de ella. Una vez empezaron a deificar a María,
no pudieron dejar de intensificar esta tendencia incesantemente.
Al final los católicos la empezaron a llamar «María Inmaculada».
Dicho de otra manera, esto significa que nació sin pecado y no cometió
ni un solo pecado durante toda su vida. Incluso dicen que no dio
a luz a ningún otro hijo de José, su marido, después de haber concebido
a Jesucristo. Si esto fuera verdad, ¿de dónde salieron los hermanos
y hermanas de Jesús de los que se habla en el pasaje de hoy?
Estas ideas bíblicas confusas han sido consolidadas por otros hechos
no bíblicos, como las supuestas apariciones de la Virgen María en
Fátima, Portugal, a principios del siglo XX. Me gustaría citar un
pasaje extraído de un documento católico:
«Quince años después de las apariciones en Fátima, María se apareció
a unos niños en Bélgica, en dos ciudades llamadas Banneaux y Beauraing.
Estas son las últimas apariciones marianas reconocidas por Roma.
Nuestra Señora se apareció a cinco niños en Beauring: Fernande,
Gilberto, Albert, Andrew y Gilbert en treinta y dos apariciones
que tuvieron lugar durante el 19 de noviembre de 1932 al 3 de enero
de 1993. El 21 de diciembre de 1932, Nuestra Señora reveló Su identidad
a los niños: “Soy la Virgen Inmaculada”. Los niños vieron un corazón
dorado en el pecho de María. El 3 de enero de 1933, le dijo a Andrew:
“Soy la Madre de Dios, la Reina de los cielos. ¡Rezad siempre!”».
¿Qué les parece? Los católicos creen que María fue resucitada mientras
dormía y que ascendió a los cielos como Su Hijo. Todas estas doctrinas
están destinadas a deificar a María, dándole la misma condición
que la de su Hijo. Pero no hay nada más lejos de la verdad.
No debemos deificar a María
María era una judía que nació en la casa de Judá. Era una muchacha
normal de la casa de Judá. José, su marido, también era un hombre
de la casa de Judá.
¿Cuál es el origen de esta casa? Uno de los doce hijos de Jacob
era Judá, y Dios le prometió: «Seguiré haciendo reyes a tus descendientes».
Para cumplir esta promesa Jesucristo nació como el Rey de reyes
en la casa de Judá.
Por tanto tenemos que darnos cuenta de que María no debe ser deificada.
Era sólo una mujer a la que Dios concedió una gracia especial y
a la que utilizó como instrumento para Su obra de salvación. Así,
cuando nos fijamos en la fe de María, vemos que es una mujer bendita
y que merece nuestro respecto, pero decir que María debe ser honrada
y exaltada incluso más que Jesús porque nació sin pecado, y porque
es la Reina de los cielos, es un producto de nuestra ignorancia.
Los católicos consideran a María «intercesora en sus oraciones».
Dicen que como María es la intercesora entre Dios y el hombre, cuando
la gente le reza, ella habla a Dios Padre por nosotros. Y dicen
que es más efectivo rezar a María. Esto proviene de la idea de que
hablar a la madre del rey es más efectivo que hablar con el hijo.
Así que cada día rezan numerosos Rosarios. Pero deberían considerar
si sus oraciones van dirigidas a Dios Padre si rezan a María.
En realidad María tuvo muchos hijos. En el pasaje de las Escrituras
de hoy se dice que además de Jesús, María tuvo seis hijos más. Jesús
debía nacer del cuerpo de una virgen. El que Dios naciera del cuerpo
de la Virgen María para convertirse en hombre es algo que Jesús
debía cumplir para salvar a todo el mundo del pecado. Jesús, Dios
mismo, nació de la Virgen María porque El no tenía ningún pecado.
Sin embargo los otros hijos de María, los hermanos y hermanos carnales
de Jesús, nacieron a través de una concepción natural. Santiago,
el que escribió la Epístola de Santiago, era hermano de Jesús, y
José, Simón y Judas también eran hermanos carnales de Jesús. Además
tenía dos o más hermanas. Todos los hijos de María y José, con excepción
de Jesús, nacieron mediante una concepción normal. Es una mentira
el afirmar que María no tuvo más hijos que Jesús, y es una falacia
afirmar que María nació sin pecado. Estas afirmaciones son tonterías.
Por eso no debemos idolatrar a María. No debemos adorar a la Virgen
María como adoramos a Dios, y mucho menos pensar que es la madre
de Dios o Su mujer. Tampoco debemos rezarle. No debemos adorarle
como a Dios ni considerarla una deidad. Los católicos rezan esta
oración a María: «Dios te salve maría, llena eres de gracia, el
Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito
es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega
por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».
Una vez vi un programa de televisión católica en el que unas personas
estaban rezando el Avemaría: primero un hombre recitaba la primera
parte de la oración, y luego los otros respondían con la otra mitad.
Cuando lo vi, me entristeció profundamente.
La oración dice que María está llena de gracia, pero no está llena
de gracia como Dios. ¿Qué tontería es esa de hablar de María como
si estuviera llena de gracia? María era una mujer normal a la que
Dios dio Su gracia. Del mismo modo en que ustedes y yo hemos recibido
la gracia de Dios, María recibió este amor de Dios. Como Dios utilizó
el cuerpo de María como instrumento Suyo, María estuvo bendecida.
Sólo al aceptar la gracia de Dios mediante la fe y al concebir y
dar a luz a Jesús, María recibió la gracia y el amor de Dios; si
no hubiera tenido a Jesús, no hubiera sido diferente. Pero a pesar
de esto, la gente cree en sus ideas carnales, deifican a María,
hacen estatuas suyas y le piden ayuda a estas imágenes. Todo eso
es tan deprimente.
En el catolicismo se han registrado muchas apariciones de la Virgen
María. Algunos testigos dicen haber visto sangre saliendo de los
ojos de una imagen de la Virgen. Si una estatua sangra, sólo se
ve una mancha de óxido que aparece cuando se mete agua en la estatua
y las piezas de metal de dentro se oxidan. Al deificar esto, los
católicos creen que María está viva, pero todo es una falacia.
Por supuesto estas palabras ofenderán a los que adoran a María,
pero es la verdad. Afirman que María sólo dio a luz a Jesús. Pero
está escrito en la Palabra que María dio a luz a varios hijos. ¿Significa
esto que la Biblia es una mentira? ¿O que nuestra Biblia es diferente
a su Biblia? Este pasaje de la Biblia es el mismo que el nuestro,
aunque ellos tengan siete libros más, denominados «Apócrifos».
¿Cómo podría ser María la santa madre de Dios? Es una simple mujer.
María es humana como nosotros. Por tanto rezarle es totalmente inútil.
Los que confían en la razón humana han malinterpretado a María hasta
tal punto que la han idolatrado y deificado, y ponen su fe en ella.
Pero esta María, a quien los católicos veneran como la Reina de
los cielos, no era más que una mujer humilde, tal y como está escrito
en la Palabra. María no era tan importante como para ser mencionada
por todo el mundo, pero era una mujer de fe. Aunque las generaciones
siguientes la deificaron y la adoraron. Este era el plan del Diablo,
que le dice a la gente: «Creed en Jesús, pero también en María»,
para que no reciba la remisión de los pecados por mucho que crean
en Jesús. El Diablo hace esto porque uno no puede ser salvado si
añade o quita algo de la Palabra de Dios.
Por eso estoy tratando este tema hoy con tanta seriedad e intento
predicar la Palabra de Dios. Debemos prestar atención a estos aspectos
espirituales.
No hay nada más importante que debamos saber que el Evangelio del
agua y el Espíritu. Aparte de esta fe, nuestras malas acciones,
como corromper la Verdad e idolatrar a seres humanos, nos hace enemigos
de Dios, y por tanto no debemos tolerar estas cosas. La Iglesia
Católica ocultó el hecho de que María había tenido muchos hijos
después de Jesucristo, y por tanto los católicos rezan a María y
se desvían del buen camino. Esto se debe a que siguen sus propias
ideas y no creen en la Palabra y por tanto perecerán.
Durante nuestras vidas de fe, si no creemos en la Palabra de Dios,
pereceremos. Los que la Palabra aprueba, está aprobado; y si la
Palabra dice que Dios nos ha salvado con el agua y el Espíritu,
entonces nos ha salvado con el agua y el Espíritu; no debemos interpretar
la Verdad con nuestras propias ideas. No debemos idolatrar o rebajar
a nadie, si no es según lo que dice la Biblia. Nuestras vidas de
fe debes centrarse en la fe.
Estamos predicando el Evangelio al mundo. En realidad, debemos
concentrar todas nuestras energías en este Evangelio. Mis queridos
compañeros, mientras difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu,
¿qué tarea se nos ha asignado a cada uno de nosotros? ¿Estamos dedicando
todos nuestros esfuerzos a esta obra? A no ser que dediquemos toda
nuestra energía a esta obra, algunos problemas absurdos pueden desviar
nuestra atención. Ustedes son los obreros del Evangelio y los testigos
que están difundiendo el Evangelio por todo el mundo. Esta era es
la más oportuna para difundir el Evangelio. Si no lo difundimos
ahora, pondremos nuestra vida en peligro al hacerlo más tarde, o
lo que es peor, podría no ser tan efectivo.
Este es el momento oportuno para difundir el Evangelio, si no nos
dedicamos a esta misión, cometeremos errores carnales. La gente
de la ciudad de Jesús no le reconoció porque estaba inmersa en sus
propias ideas carnales. Los católicos exaltan a María con sus ideas
carnales. Para no seguir su ejemplo, debemos ser fieles a nuestra
obra y predicar el Evangelio.
Mis queridos compañeros, una puerta se abrirá ahora en todo el
mundo. Sin duda alguna se abrirá. Las naciones que estén cerradas
se abrirán y predicaran el Evangelio a todos los rincones del mundo.
Podemos enviar nuestros libros cristianos a los países donde el
Evangelio del agua y el Espíritu no ha llegado todavía y compartirlos
con la gente; y también podemos imprimir nuestros libros en esos
países. A través de nuestros compañeros de todo el mundo que han
recibido la remisión de los pecados y que están trabajando con nosotros,
podemos imprimir nuestros libros cristianos localmente y distribuirlos
directamente. Entonces el Evangelio se difundirá rápidamente.
Y continuaremos colgando nuestros libros en nuestra página web.
Mientras continuamos publicando nuestras series de crecimiento espiritual,
como este libro sobre Mateo, la obra de Dios se lleva a cabo con
éxito.
Sé que ahora es el momento de que los santos y los ministros de
todo el mundo se levanten con seguridad. Y sé que nuestro objetivo
debe estar claro. No debemos concentrarnos en ser aceptados por
los demás, sino que debemos pensar si estamos llevando a cabo la
obra que Dios nos ha confiado, y si el Evangelio del agua y el Espíritu
está llegando a todo el mundo. Deberíamos preguntarnos si estamos
dedicando todos nuestros esfuerzos a estas obras. Debemos prestar
atención a estas preguntas. No olviden que Satanás intenta hacer
que tengamos pensamientos carnales y nos quiere destruir. No piensen
que viviremos de esta manera durante cientos de miles de años. El
mundo se acabará tarde o temprano.
La razón por la que la Iglesia ruso ortodoxa se desmoronó nos sirve
de ejemplo. Sus líderes discutieron durante años sobre asuntos triviales
como lo que deben llevar los sacerdotes en el púlpito, es decir,
si la vestimenta debería ser azul, roja o negra. Mientras discutían
sobre estas cuestiones absurdas, ¿saben lo que pasó en Rusia? Se
produjo la Revolución Comunista, y los comunistas capturaron a todos
los religiosos y los mataron. Mientras los cristianos perdían el
tiempo con asuntos absurdos, Satanás les asestó una gran bofetada.
¿No ocurre lo mismo con los cristianos de hoy? ¿No afirma cada
denominación ser la única y la mejor? En Corea había un grupo herético
llamado la Iglesia de la Vida Eterna, cuyo fundador fue arrestado
recientemente y sentenciado a muerte por asesinar a muchos de los
seguidores que dejaban la secta. El fundador decía que uno podía
recibir la vida eterna si guardaba los 318 mandamientos de su propia
ley. Uno de sus credos principales era un mandamiento extraño que
decía que se podía recibir la vida eterna si no se mantenían relaciones
sexuales con el cónyuge. Comprados con los 613 mandamientos de la
Ley de Dios, estos 318 mandamientos eran sólo la mitad en número,
pero aún así, ¿podría alguien guardar uno solo de ellos? Es completamente
imposible, incluso para el más devoto seguidor de la secta. Todo
el mundo es insuficiente y por tanto necesita el Evangelio de poder
que salva a los pecadores insuficientes, no estos mandamientos extraños.
Mis queridos hermanos, les pido que se examinen a sí mismos. ¿No
son insuficientes? Por supuesto que sí. Entonces, ¿cómo han recibido
la remisión de sus pecados? Han sido salvados al creer en el Evangelio
del agua y el Espíritu. Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu,
pasarán sus insuficiencias a Jesucristo.
«¿Qué puedo hacer? Por lo menos creo en el Evangelio del agua y
el Espíritu. El Señor vino a este mundo, fue bautizado, murió en
la Cruz, se levantó de entre los muertos y así me salvó a través
del Evangelio del agua y el Espíritu. Creo. Ahora no tengo pecados,
porque el Señor ha borrado todos mis pecados. Aunque sea insuficiente,
Dios me ha confiado Sus obras, y las cumpliré fielmente antes de
ir a Él». Esta es la fe espiritual.
Mis queridos hermanos, debemos vivir con esta fe espiritual. En
vez de hablar sobre los demás, es mucho más beneficioso examinarnos
a nosotros mismos, admitir nuestras insuficiencias, y meditar sobre
el Evangelio del Señor. Recuerden que cuando señalen a alguien con
el dedo, en realidad se están señalando a ustedes mismos. Debemos
recordar el pasaje de la Biblia que dice: «Pero si mutuamente
os mordéis y os devoráis, mirad no acabéis por consumiros unos a
otros» (Gálatas 5, 15) y darnos cuenta de que discutir sobre
quién hace bien y quién mal es como modernos los unos a los otros
y matarnos. Si continuamos atacándonos unos a otros, ¿quién sobrevivirá?
Al leer el pasaje de las Escrituras de hoy me gustaría decir algunas
palabras a algunos cristianos que han deificado a María y creen
en ella en vez de creer en Dios Padre y la divinidad de Jesús: «¡Paren
esta locura!». Quiero que esa gente se dé cuenta de que viven su
fe carnalmente, y quiero que vuelvan a la verdadera vida espiritual
de fe. Me entristece profundamente ver que la gente se inventa religiones
extrañas a partir de sus propias ideas y van camino a la destrucción.
Debemos creer en la Verdad que proclama la Biblia. Como la Palabra
dice que Dios ha borrado todos nuestros pecados con el Evangelio
del agua y el Espíritu, debemos creer en esto. Cuando creemos estamos
sin pecado. Y la meta de nuestra fe es nacer de nuevo y entrar en
el Reino de los Cielos. ¿Es esto cierto o no? Por supuesto que sí.
¿Estamos sin pecado sólo porque se produjo un cambio emocional en
nuestros corazones? No, estamos sin pecado porque creemos en el
Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, si alguien intenta alterar el Evangelio
del agua y el Espíritu, está obrando mal. Pero entre los justos,
hay algunos que son malos, aunque no intenten alterar el verdadero
Evangelio. Si hay algún nacido de nuevo no sirve al verdadero Evangelio
e intenta vivir virtuosamente para tener una buena reputación, es
malo a los ojos de Dios. Imaginamos que hay alguien entre nosotros
que no ha hecho nada malo y que ha vivido devotamente. Pero esta
persona no sirve al Evangelio. ¿Es buena esta persona? No. Por muy
devotamente que haya vivido, si no sirve al Evangelio y no vive
por el, es una persona mala. Es una persona mala y no ha hecho nada
bueno.
¿Qué pérdida sufre Dios si pecamos y qué beneficios le aportamos
si no pecamos? Si pecamos seremos juzgados y castigados. Dios no
se deja controlar ni influenciar por nosotros, porque es un Dios
omnisciente y omnipotente que hace todo según Su voluntad. El es
el Juez. Por tanto no debemos pensar en El como uno de nosotros,
como si fuera como nosotros. Somos nosotros los que le necesitamos.
¿Estamos justificados por haber vivido virtuosamente? No, absolutamente
no. Hemos recibido la remisión de los pecados porque creemos en
Él. Hemos sido salvados porque Él ha borrado todos nuestros pecados
con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y estamos sin pecado porque
creemos. Vivir virtuosamente no significa que vaya a haber cambios
espirituales en nuestros corazones.
Cuando servimos al Evangelio, nos transformamos espiritualmente
y nuestra fe crecerá. Si no servimos al Evangelio, no habrá ningún
beneficio para nosotros, si viviremos mejor. Si se nos quita el
Evangelio del agua y el Espíritu, no tendremos una fe buena, no
siquiera ningún tipo de fe.
Imaginemos que cesan de servir al Evangelio y persiguen sus deseos
carnales. ¿Qué ocurrirá entonces? Serán corrompidos en seguida.
Sus corazones se marchitarán, como los gusanos se comen los cuerpos
de las ratas. Cuando sus corazones se mueren y se pudren, el hedor
de la putrefacción se extiende por todas partes. Sus cuerpos, sus
acciones, sus mentes y sus pensamientos rezumarán un hedor insoportable.
¿Están de acuerdo? Esto también se aplica a mí. Yo también rezumaré
un hedor terrible si no sirvo a este Evangelio. Si no hubiera nacido
de nuevo, no podría soportar a la gente de este mundo. A no ser
que sirvamos al Evangelio, seremos así.
Nuestra fe no debe ser carnal, sino espiritual
No debemos vivir nuestra fe de manera carnal. Deducir que María
es la mujer de Dios Padre porque dio a luz a Jesús es lógica humana.
¿Cómo puede ser verdad esto? ¿Puede alguien ignorar a Jesús sólo
porque haya nacido en la misma ciudad?
No se debe deificar a María, ni rechazar a Jesús porque sea de
la misma ciudad. Jesús es el Hijo de Dios, es Dios mismo, y es nuestro
Salvador. A pesar de esto, había rabinos judíos, es decir maestros,
que escucharon Su Palabra y le ignoraron. Por muy grandes que fueran
estos maestros, no podían hablar como Jesús. No podían revelar los
misterios de la salvación. Pero se levantaron contra el Evangelio
del agua y el Espíritu y se negaron a creer. Y como no creyeron,
Jesús no hizo ningún milagro allí.
Esto también se refiere a nosotros. Si no creemos en la Palabra
de Dios, el Señor no obrará en nuestros corazones. Cuando creemos
en la Palabra de Dios de todo corazón, el Señor obra en nuestros
corazones. Cuando el Señor mantiene nuestros corazones firmes, los
llena, nos hace servirle, nos permite evitar caer en el mal y seguirle
guiándonos con Su Palabra, entonces podemos mantenernos firmes en
nuestra fe.
Por tanto no debemos vivir la fe de una manera carnal, sino que
debemos vivir de la fe. Debemos basar nuestras vidas siempre en
la fe en la Palabra. No debemos dejar que nuestra fe decaiga. «Como
he crecido tanto, ahora puedo confiar en mi propio juicio y cuidar
de mí mismo sin la Palabra». Si piensan así, están equivocados.
Debemos vivir nuestra fe centrándonos en la Palabra. No debemos
olvidar el Evangelio del agua y el Espíritu, y al centrarnos en
la Palabra, debemos hacer que el difundir el Evangelio del agua
y el Espíritu sea nuestro objetivo principal, y debemos seguir trabajando
para conseguir este objetivo. Sólo entonces podemos evitar enredarnos
con estos asuntos absurdos y malgastar el tiempo. Sólo entonces
podremos vivir como siervos, ser elogiados y amados por Dios, y
prosperar en cuerpo y espíritu. Por eso no debemos vivir nuestras
vidas según la carne.
¿Cuántos parientes tenía Jesús? Contando sólo a los hermanos ya
eran siete. Esto significa que María tuvo como mínimo 7 hijos. Es
posible que tuviera más hijos, pero estamos seguros de que por los
menos tuvo siete.
Mucha gente cree en Jesús en términos humanos y por eso su fe no
tiene ningún fundamento: «Jesús murió en la Cruz por mí. ¡Debió
ser muy doloroso!». Este tipo de fe es una fe carnal. Nuestro Señor
dijo que vino por el agua y el Espíritu, y que ha borrado todos
nuestros pecados con el agua y el Espíritu. ¿No deberíamos creer
en lo que Él dijo?
En vez de compadecernos de Su sufrimiento, ¿no deberíamos aceptar
la salvación que Jesús nos dio tal como es? ¿Y no deberíamos aferrarnos
y creer en la Palabra tal y como es? No sean tan pretenciosos como
para mostrar compasión por Jesús. ¿Quién debe compadecerse de quién?
Dios Padre y Jesús son los que deben mostrar compasión, no nosotros,
porque ¿estamos en la posición de compadecernos de Jesús? ¿Los mendigos
y los pordioseros se deben compadecerse de nosotros?
Los que creen en Jesús sólo carnalmente deben despertarse. Ellos
creen en la sangre que Jesús derramó en la Cruz y dicen: «¡Cómo
debió dolerle! Como murió por mí, creeré en Él». Pero esta fe es
una fe emocional que nace de la compasión. Es una creencia absurda
por la que uno decide creer en Jesús como si le estuviera haciendo
un favor. Es una fe arrogante que se basa en lo siguiente: «De acuerdo,
lo reconoceré. Reconoceré que me has salvado».
¿Hasta que punto es incorrecta esta fe? Es una grave herida en
el orgullo de nuestro Señor. Es una blasfemia contra Él, porque
alguien que necesita la compasión del Señor, decide creer en Él
como si le estuviera haciendo un favor.
Lo que nos hace tener una buena relación con Dios es la fe. ¿Qué
es la fe verdadera? Si consideramos la salvación del agua y el Espíritu
que Dios nos ha dado, sólo podemos reconocer la Verdad de Su amor
con gratitud. Y como esta Verdad del Evangelio tiene sentido cuando
la vemos a la luz de nuestra lógica, nos parece bien venerar a Dios
y confesar: «Creo en lo que has hecho por mí. Creo en Tu obra justa».
Esto es la fe. Mirar con respeto lo que Dios ha hecho por nosotros
y creer en ello es fe. Por el otro lado, una religión es algo inventado
por el hombre.
En vez de estar limitados por sus insuficiencias, deben meditar
sobre la Palabra con la que el Señor ha borrado nuestros pecados,
es decir el Evangelio del agua y el Espíritu, y creer en esta Verdad.
¿No se pasaron todos nuestros pecados a Jesús cuando fue bautizado
en el río Jordán? Nuestro Señor cargó con nuestros pecados mediante
Su bautismo, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos
para salvarnos.
Si nuestros pecados fueron pasados a Jesús, entonces estamos sin
pecado. Entonces, ¿todavía tienen pecado o no? Por supuesto que
no. Y Jesús fue condenado por todos nuestros pecados. Así es como
ha limpiado nuestros corazones. Ahora debemos seguir adelante poniendo
nuestra fe en el Señor. Aunque ustedes y yo seamos insuficientes
en la carne, la Verdad es que el Señor ha borrado todos nuestros
pecados. Por tanto nuestros corazones se pueden limpiar con la fe
y mediante la fe podemos vivir nuestras vidas espirituales para
hacer las obras que complacen al Señor. Lo único que nos queda es
recibir nuevas fuerzas cada día para recorrer la carrera de la fe.
Debemos vivir nuestra fe espiritualmente. No hemos crecido del
todo, ni madurado completamente. Debemos seguir corriendo hacia
la meta como el Apóstol Pablo declaró: «No es que la haya alcanzado
ya, es decir, que haya logrado la perfección, sino que la sigo por
si logro apresarla, por cuanto yo mismo fui apresado en Cristo Jesús.
Hermanos, yo no creo haberla alcanzado aún; pero, dando al olvido
a lo que ya queda atrás, me lanzo tras lo que tengo delante, hacia
la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo
Jesús» (Filipenses 3, 12-14).
Del mismo modo me encantaría decirles a todos ustedes y a todos
nuestros obreros en todo el mundo: «No se quejen de esto o lo otro.
Sean fieles a lo que se les ha confiado. Si les queda algo de tiempo
libre mientras hacen esta obra, deberían examinarse a sí mismos
y mantenerse firmes en su fe. No cabe lugar para ningún comentario
sobre lo que hacen los demás, lo hagan bien o mal. Sean más diligentes
si tienen tiempo libre. Todavía estamos lejos de alcanzar la meta
que es la recompensa de la llamada de Dios en Jesucristo».
¿Pueden hacerse lo suficientemente santos como para presentarse
ante Dios con su propia justicia? ¿Pueden alcanzar esta santidad
al no cometer ningún error en su conversación o en su comportamiento?
¡Nunca! Servir al Señor es sagrado. No podemos hacernos santos fingiendo
serlo. Somos santificados mediante el Evangelio que ha borrado todos
nuestros pecados.
Sinceramente no rezamos mucho cuando nos reunimos. Rezamos por
la difusión del Evangelio por todo el mundo, y por todas las cosas
que hacemos para servir al Evangelio fiel y efectivamente. Entonces,
nosotros, los obreros de Dios, disfrutamos comiendo y hablando los
unos con los otros con gran alegría. Como nos vemos después de una
jornada de trabajo dura, debemos tomar algo para recuperar las fuerzas.
Si todavía nos queda algo de tiempo, salimos a jugar al fútbol.
Todo eso nos anima y después volvemos a nuestros puestos para servir
a la Verdad del Evangelio. Entonces volvemos para cuidar de nuestras
familias y hacer las tareas que se nos han asignado con más fuerza.
¿Hay algo especial en ello? ¿Qué otra cosa debemos hacer aparte
de llevar a cabo las obrar que Dios nos ha confiado fiel y diligentemente?
Si no sirven al Señor ni al Evangelio, ¿pueden hacer alguna otra
cosa para hacerse santos? ¿Serían santos si cultivasen sus mentes
sentándose y meditando en una cueva? En vez de hacerse santos, se
harían más sucios. Si uno está sólo y se sienta sin hacer nada,
sólo le vienen pensamientos mundanos e inútiles a la mente.
Mis queridos compañeros, no hemos difundido el Evangelio completamente.
Esta meta todavía queda lejos. Sé que es muy difícil para nosotros.
Pero sé que Dios nos dará fuerzas. A veces nos preocupan cosas del
pasado. Pero no debemos dejarnos limitar por las cosas que hemos
hecho, sino que debemos perseguir la recompensa de la llamada de
Dios en Jesucristo. Pablo también intentó olvidar las cosas del
pasado seguir adelante. Deben llevar a cabo fielmente la tarea que
se les ha asignado, y dedicar su corazón y sus fuerzas a esta obra.
Es sabio.
Jesús dijo: «Ningún profeta es tenido en poco sino en su patria
y entre sus parientes y en su familia». Ustedes también quedarán
sin honor en su casa. Si los miembros de su familia no han nacido
de nuevo, serán perseguidos a menudo. Esto se debe a que no son
espiritualmente compatibles con los miembros de su familia. Nosotros,
los nacidos de nuevo, vivimos nuestras vidas de fe por el Evangelio,
y por eso nuestros pensamientos y nuestro estilo de vida son diferentes
de los de la gente del mundo. Hay demasiadas incompatibilidades
entre los nacidos de nuevo y los que no han nacido de nuevo todavía.
Debemos difundir el Evangelio del agua y el Espíritu
a Europa
Sé que debemos difundir el Evangelio en Europa con mayor fuerza.
Aunque hemos estado publicando nuestros libros en casi todos los
idiomas europeos, no hay mucha gente que haya aceptado el verdadero
Evangelio en Europa. Mucha gente de todo el mundo pide nuestros
libros, pero la gente de Europa lo hace en pocas ocasiones. Nuestros
libros no han llegado al por mayor en ningún país europeo, pero
pronto ocurrirá y debemos prepararnos. Dentro de poco nos llegaran
noticias de que la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu se
está difundiendo en Europa incluso más que en los Estados Unidos.
Sé que el Evangelio llegará a Japón también. Recientemente uno
de nuestros títulos en inglés se tradujo al japonés. Como le costó
mucho tiempo ser publicado, cualquier japonés que buscará la verdad
se dio cuenta inmediatamente al leer nuestro libro de que era la
Verdad.
En mi sermón anterior les hablé de los cuatro campos del corazón,
y lo que debemos considerar ahora es: «¿Soy cizaña o trigo?». «¿Era
como el borde del camino cuando escuché el Evangelio? ¿Escuché este
Evangelio mientras vivía una vida religiosa? ¿O era un pedregal
que aceptó el verdadero Evangelio en ese momento pero que no creyó
en él de todo corazón? Cuando me llegó este Evangelio, ¿dije que
creía aunque estuviera lleno de pecado, pocos de ellos hubieran
sido revelados y no los hubiera admitido aún? ¿O soy un campo espinoso?
Aunque creí en la Verdad del Evangelio, como todavía amo al mundo
tanto, ¿no esto siguiendo al Señor a medias? ¿O soy un buen campo?
¿Creo de verdad que el Señor me ha salvado aunque yo sea insuficiente?
¿Soy el buen grano de trigo ante el Señor?». Deberíamos hacernos
estas preguntas.
En sermones anteriores les expliqué las parábolas de Jesús descritas
en Mateo 13. ¿Se acuerdan? ¿Se han olvidado de todo? Por cierto,
han averiguado si son trigo bueno o cizaña, ¿verdad? Y también saben
que estadio hemos alcanzado en nuestras vidas de fe, ¿verdad? Éramos
como el borde del camino o el pedregal. Los que no se han aferrado
a la Palabra son todavía pedregales. Al aferrarse a la Palabra hemos
admitido ser semillas del mal. Y al aferrarnos a la Palabra del
agua y el Espíritu, y como el Señor ha borrado todos nuestros pecados,
nos hemos librado de nuestros pecados y se nos ha dado una vida
nueva en vez de la muerte.
«Aunque he recibido la remisión de mis pecados, ¿no estoy intentando
todavía tener éxito en este mundo y no puedo dejar de lado mis deseos
carnales? ¿No utilizo el nombre de Jesús para mi propia prosperidad
en este mundo?». Debemos considerar todas estas cosas. Debemos examinarnos
para ver si somos estos tres tipos de campos: tales corazones no
tienen ningún interés en el Evangelio del agua y el Espíritu ni
en servirlo, sino que prefieren hacerse ricos; y engañados por la
fama del mundo y los placeres carnales, todo nuestro interés se
centra en estas cosas. También debemos darnos cuenta de que estos
tres campos fueron abandonados, admitir que hemos sido estos campos
y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos admitir: «Mi corazón desea este mundo y no conocer mis
propios pecados. Esto no está bien. Estoy cometiendo un error».
Y debemos creer en la Palabra del agua y el Espíritu. Entonces seremos
la buena tierra, aceptaremos la Palabra, daremos buenos frutos,
y nos convertiremos en el buen grano. Cuando aceptamos que somos
malvados y que estamos destinados al infierno si tenemos pecados,
y cuando aceptamos el Evangelio del agua y el Espíritu, nos convertimos
en la buena tierra. Así podemos convertirnos en trigo y en la buena
tierra ante Dios y dar fruto por treinta, sesenta y ciento. Esta
gente será elogiada por Dios y se les confiará más obras. Serán
más fieles cuando se les persiga, y por tanto, el Señor les dará
más bendiciones. No cabe duda alguna.
Cuando Pedro le dijo a Jesús: «¿Ves? Lo hemos dejado todo y te
hemos seguido», Jesús contestó: «En verdad os digo que no hay
nadie que, habiendo dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre,
o padre, o hijos, o campos, por amor de mí y del Evangelio, no reciba
el céntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre
e hijos y campos, con persecuciones, y la vida eterna en el venidero»
(Marcos 10, 29-30).
Cuando servimos al Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nunca
nos da las bendiciones de la fe sin que seamos perseguidos. Nuestro
Señor quiere limpiar nuestros residuos carnales de nuestros corazones
antes de bendecidnos. Cuando Él piensa: «Este me es fiel y no se
perderá si le bendigo», nos dará bendiciones materiales también.
Dios nos da una fe fuerte primero, luego nos da otras bendiciones.
Entonces debemos pensar en estas cosas: cuando tengamos la fe que
ha echado raíces fuertes, debemos aferrarnos a la Palabra que escuchamos,
tener pensamientos espirituales, creer en la Palabra de Dios, y
pensar en cómo debemos vivir. Debemos ser humildes ante Dios en
vez de pensar que somos perfectos. Debemos librarnos de los residuos
carnales de nuestras mentes cuando el Señor nos haga hacerlo de
vez en cuando, y admitir nuestra verdadera naturaleza cuando Dios
lo quiera. Y debemos seguir al Señor con un corazón puro sin dejar
que nuestras insuficiencias sean un obstáculo y librándonos de ellas
con nuestra fe. Cuando rezamos al Señor, nos aferramos a la Palabra
y les servimos con fe, Él nos confiará diversas obras. Cuando Dios
lo ve conveniente nos bendice grandemente directa o indirectamente.
Seamos espirituales. Esta es la clave. No hay nada más. Hay gente
que ha sido nacida de nuevo durante 10 años o más, pero eso no significa
que sea perfecta. Esta gente debe alcanzar la recompensa de llamada
de Dios en Jesucristo (Filipenses 3, 14). Hay fases sobre más fases
y debemos seguir corriendo hasta que el Señor esté satisfecho.
Lo único que queda es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu
por todo el mundo. Es intolerable convertirnos en obstáculos para
difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Si este Evangelio
es difundido, no importa que seamos insuficientes. Y si creemos
en el Evangelio del agua y el Espíritu, vivimos por este Evangelio,
nos aferramos a la Palabra de Dios en nuestros corazones y la seguimos
con fe, entonces Dios dirá que está bien.
Sin embargo si nos ocupamos de cosas inútiles y discutimos los
unos con los otros por tonterías, Dios no nos aceptará. Todo lo
que no es difundir el Evangelio es una pérdida de tiempo. Debemos
hacerlo todo por el bien de la difusión del Evangelio del agua y
el Espíritu, como está escrito: «Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis
alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios» (1 Corintios 10,
31).
Y debería decir que los católicos de todo el mundo deben despertarse
y razonar. Quieran o no escucharme, yo digo lo que tengo que decir.
Deberían saber que María tuvo seis hijos más aparte de Jesús. Es
la tarea de los profetas permitirles conocer la verdad de la Palabra
y decir: «Todo lo que creímos era falso. Todo era mentira». María
era una mujer normal, pero fue bendecida cuando creyó en la Palabra
de Dios. Nosotros también deseamos tener esta fe tan fuerte, porque
es la cosa más bendita para los nacidos de nuevo.
Los sacerdotes de esta era debemos proclamar la Verdad de la
Palabra de Dios tal y como está escrita aunque la gente no nos
escuche:
«Pues los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría
y de su boca ha de salir la doctrina,
porque es un enviado de Yavé de los ejércitos» (Malaquías
2, 7).
Demos gracias a Dios y dediquemos todas nuestras fuerzas a servir
al Evangelio. Vivamos una fe espiritual. ¡Aleluya!
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